El nido

Me suelo hacer malos preconceptos de los lugares turísticos. A veces cansa: los tours, la acumulación de gente, la suciedad que esto acarrea y por sobre todas las cosas lo poco que va quedando de lo autóctono de cada lugar.

Cuando empezamos a trazar la ruta que íbamos a hacer dentro de la isla de Palawan nos propusimos empezar por Puerto Princesa hacia el norte por una costa, hasta llegar a la parte más turística, la más buscada por muchas personas por sus playas infinitas y turquesas. Después bajar por la otra costa hacia el Sur, que está casi olvidado, el sur musulmán al que casi nadie llega.

Pero esta vez nos equivocamos. Llegamos a El Nido con muy pocas expectativas, y supuestamente por solo dos días, veníamos a dedo desde Port Barton y el conductor se equivocó y nos bajó antes. Sin saberlo empezamos a caminar por las calles de tierra, todo nos parecía demasiado tranquilo. Donde estaba la gente? Caminamos un poco entre casas precarias, típicas casas de pueblitos filipinos, de esos que por más austeros que sean mantienen la felicidad casi oculta de vivir mirando al mar.

Preguntamos en un kiosquito donde podíamos dormir, y una mujer nos dice que tiene una habitación para ofrecernos. Era una pequeña casita, un cuadrado con un colchón y un baño, perfecto para nosotros. La tomamos y nos sentamos en la puerta a mirar el movimiento del lugar. Eran muchas casitas dispuestas sin un orden preciso, no existían las calles, solo tierra, con pozos, basura, gallinas, chanchos y monos.

Como en muchos lugares de Asia todo ocurre afuera, la mayoría de la gente no tiene baño en sus casas por lo que se acercaban a buscar agua desde el pozo, que se ubicaba en la puerta de nuestra habitación. El acto de bañarse allá era algo sumamente comunitario, podíamos ver todos los días como sacaban el agua, la colocaban en baldes o palanganas, se enjabonaban y lavaban la ropa.

No estábamos en el Nido, pero esto era mucho mejor. Teníamos a unos metros una playa hermosa libre de barcos y gente. La posición era casi estratégica ya que podíamos ir caminando a Las Cabañas y al Nido, aunque decidimos hacerlo pocas veces.

Al final, nuestra estadía acá se extendió bastante más de lo esperado. Nos pareció un lugar perfecto para pasar unos días de mucha tranquilidad y mar.

***

Estas son las imágenes diarias en El Nido

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