De Hiroshima a Kurashiki

No puedo hacer otra cosa que hablar de las personas ya que en definitiva son ellas quienes hacen mi viaje. El verdadero, no el de transportarme de un lado a otro. De más esta decir que Japón es increíble, quizás el país más increíble que haya visitado. Y en un día de mierda lo único que puede hacer que mi suerte cambie es cruzarme con personajes únicos.

Salimos de Hiroshima a las 11 am con lluvia y unos 35 grados de calor, pero con muy pocos kilómetros por delante. Días atrás habíamos hecho 300km en 3 horas y media, por lo que estos 160km nos parecían fáciles. Yo había sido la encargada de chequear las rutas y ver cómo llegar. Dado que el GPS me marcaba varias rutas posibles opte por definir cuál era la indicada una vez en la calle. Caminando encontramos la ruta número 2 y tratamos en vano de buscar algún colectivo que vaya derecho por ahí y nos aleje del centro. No dimos con nadie que hable inglés o que interprete nuestras señas.

Caminamos, caminamos y caminamos.  Después de 4 horas con las mochilas al hombro y cubiertos de transpiración, entendimos que la ciudad era bastante más grande de lo que creíamos. Mi novio  me odiaba, me declaraba 100% culpable, y así pasamos los 5 km: caminando con una distancia prudente, sin hablarnos, cruzando miradas asesinas y promesas serias de ruptura.

Por fin llegamos a un punto en donde la calle parecía convertirse en ruta, y no paso mucho tiempo hasta que el primer auto nos levantó. El hombre no hablaba nada de inglés, pero comprende mi cartel escrito es japonés y me hace entender que a pesar de no ir a la misma ciudad va a tomar esa ruta. A esta altura mi celular ya no tiene batería, y viajamos sin mapa (pésima idea), asique nos subimos al auto sin siquiera poder chequear hacia donde nos dirigimos. Cinco minutos después veo como la ruta se abre en dos y nosotros agarramos el camino incorrecto, veo poco a poco alejarse el cartel que dice  “Okayama 155 km”.  Y este momento es en el que me vuelvo una ingrata y pienso “ CHINOO (cuando estoy enojada cualquier ser con ojos alargados se convierte en chino sin importarme su nacionalidad) PARA QUE ME INVITAS A SUBIR A TU AUTO SI VAS AL LADO COMPLETAMENTE OPUESTO?? “. Le hacemos entender que frene, que nos tenemos que bajar, le agradecemos (por desviarnos aún más) y nos bajamos del auto. El también baja corriendo, se acerca a una de esas máquinas expendedoras de bebidas que hay por todo Japón, y nos regala dos aguas heladas. Pues claro, ahora vamos a tener que caminar de nuevo bajo el sol radiante. Y ahora pienso “GRACIAS PONJA, NO ENTENDISTE NADA PERO IGUAL TE QUIERO”.

Después de una bella (¡!) caminata volvemos a encontrar la ruta y otro auto vuelve a frenar por nosotros. Una pareja joven muy simpática, pero van solo a 20 km. Ellos se dirigen a un bar que al parecer es un edificio antiguo muy lindo. Nos invitan. Nos encantaría ir, pero ya son las 3 de la tarde (hora en que debíamos estar en Okayama para encontrarnos con nuestros host) y todavía nos quedan 130 km, que a este paso…ya parecen una eternidad.

De nuevo en la ruta, esperamos en la salida de un convenience store a nuestra próxima víctima. Esta vez son dos ancianos japoneses que nos dan mucha ternura.  Y la misma situación: van unos pocos kilómetros por esta ruta y se desvían. – A esta altura ya nos dimos cuenta que nos equivocamos de ruta: es pequeña, con semáforos, tráfico y atraviesa todos los pueblos y ciudades. – El viejito nos avisa que hasta Okayama son como 3 horas más por este camino, pero yo pienso que exagera ya que solo son 130 km! Con su poco ingles nos dice que nos lleva a su casa, a lo que yo le explico que le agradecemos muchísimo…pero que realmente no podemos, tenemos que seguir camino. Noto en su mirada a través del espejo retrovisor que no entiende ni una palabra de lo que digo……y rato después veo como se abre de la ruta principal y se desvía por una pequeña calle. Me rio. Ya está….en definitiva me moría de ganas de irme a la casa de los viejos.

Llegamos y veo la casa más japonesa que vi en mi vida, con una vista hermosa. Nos sentamos en la mesa mientras la mujer prepara un té helado. El trae un mapa. Comemos galletitas, tomamos té y un rico helado de chocolate mientras le marcamos todo lo que viajamos en este tiempo, y él también nos cuenta de sus aventuras. Para poder entendernos mejor usamos una libretita en la que escribimos palabras en inglés, porque así es más fácil. Me gustaría quedarme acá, quiero quedarme al menos una semana con estos viejitos, creo que los amo. Él tiene 77, y ella 75. Nos sacamos muchas fotos y también nos muestran fotos viejas. Pero al rato tenemos que irnos…en Okayama nos esperan, y no tenemos forma de comunicarnos ni explicar nuestra tardanza. Antes de partir la mujer nos regala botellas de té helado y más galletas para el camino y  el viejito nos acerca hasta la ruta otra vez y nos deja en una estación de servicio.

De nuevo, parados con nuestro cartel que dice “Okayama” en japonés. Hay una mujer parada al lado de un auto, veo que me mira y al rato empieza a caminar hacia donde estamos. Pero se arrepiente y vuelve a su auto. Ratito después veo como vacía los asientos de atrás, y pienso…quizás ella nos lleve! Y ahora sí, se acerca y nos dice que ella no va a Okayama, pero que va a unos 30 km de donde estamos. Nos subimos en su auto junto a su marido e hijo, y llama a una camarera del bar que esta junto a la estación que hace de traductora. Nos demoramos como 15 minutos, ellas hablan, la camarera nos hace preguntas y yo no puedo hacer más que ver como las gotas de sudor caen por su cara.  Una vez en la ruta el tiempo corre y me doy cuenta de que su pueblo ya paso, quedo atrás, ya debemos haber hecho 50 km como mínimo! Les pregunto…trato de que me entiendan, les explico que nos dejen en donde puedan. Y ella se ve preocupada…hablan en japonés entre ellos, y por medio del traductor de google nos dicen que va a ser muy difícil llegar a dedo, que todavía falta mucho, que esa ruta es muy lenta, que hay muchos autos porque es la hora pico. Yo le hablo pero ella no me entiende, y me doy por vencida. Viajamos más de una hora, y ya es de noche. El auto tiene pantallita y nos pone un DVD, una peli anime japonesa muy buena. La miro con mucha atención y me doy cuenta que familiar me resulta todo: la manera en que los dibujos se sientan, como agarran los palitos y se llevan el plato a la boca para comer, la manera en que brindan y dicen “cansai”, los paisajes, las terrazas de arroz. Todo eso que antes me parecía otro mundo y que ahora me resulta tan familiar. Llegamos a una ciudad, ya estamos cerca de nuestro destino y no  tengo forma de agradecerles lo mucho que se desviaron por nosotros. Le pido por favor si me presta su internet, necesito ver la dirección del lugar hacia donde nos dirigimos, se la muestro y me dice que eso no  es en Okayama. Es en Kurashiki, otra ciudad a unos 30 km!!! Ok…no  tenemos ni idea a donde estamos yendo.

Antes de irse me pasa el teléfono, y alguien me habla en inglés. No sé y nunca sabré quien era. Sospecho que la camarera del bar, ya que su ingles era muy bueno y no es fácil encontrarse con eso en Japón. Me da vergüenza, odio hablar por teléfono, mi inglés es pésimo.  Me dice que ya falta poco, me explica que estoy en un convenience store que esta 24 hs abierto…me dice que no me preocupe, que alguien seguro va a pasar aunque sea de noche.

Nos despedimos.

Y ahí mismo, a la salida del mini super paro al primer conductor. Me le tiro encima, siento que casi lo obligo a que me lleve. Me dice que va a Kurashiki. Festejamos! Le damos la dirección, pero le decimos que nos deje en donde pueda o en la terminal de buses. Al rato paramos en una casa y el hombre se baja. No entiendo si es nuestro destino pero lo veo entrar y me doy cuenta que es su casa. Nos deja en el auto, con la llave puesta. Un nene de unos 3 años sale de la casa y se sube con nosotros… y ahí estamos los 3, Julián, el nene y yo. Imagino como podría perfectamente robarme al auto que está en marcha, no porque me interese el auto en sí, si no por el nene. Siempre quise tener un hijo japonés, y este es hermoso.

Al ratito sale el hombre, la mujer y una nena un poco más grande. Se suben y nos llevan a la terminal de buses. Otra vez el camino era muchísimo más largo de lo que creíamos. Que manera de clavar a la gente, me siento mal. Son las 9 de la noche, y los nenes ya estaban en pijama.

Llegamos a destino y en la terminal de buses nos esperan Shuhei y sus padres Yuko y Shigeki. Nos llevan hasta su casa en la que vamos a pasar las próximas 4 noches.

Pero eso ya es otra historia.

***

1
Viejito
2
Viejita

 

***

Y las calles de Kurashiki son algo así

4 5 6 6-1 7 8 8-1 9 9-1 10 11 11-1 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22

 

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Un comentario en “De Hiroshima a Kurashiki

  1. Una odisea este traslado!!! No deja de asombrarme la buena predisposición de la gente!!!!
    Hermosas las fotos…. Los amo!!!

    Me gusta

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